lunes, 11 de junio de 2018

Provocado por la cutrez y la falta de respeto al arte en general

El libro es del 2010 pero no sé si hemos avanzado mucho en este aspecto. Juan Abarca (Mamá Ladilla, Engendro) escribe en Simpatía por el relato (Editorial Drakul) lo siguiente: "no se puede obviar que vivimos en un país, digámoslo ya, cutre. Muy, muy cutre. Un plomizo entorno en el que, si algo se puede hacer un poquito peor, se hace. Y si no, al menos se intenta". En este relato confecciona un irónico manual del que extraigo un par de ejemplos orientado a organizadores de festivales describiendo el terrorífico panorama al que se enfrenta un músico cuando llega a un festival de rock de tamaño pequeño o mediano en un pueblo cualquiera de la geografía patria.





Pues este viene siendo el panorama y me temo que experiencias similares podrían encontrarse en otros estilos y contextos, tal drama no queda circunscrito al rock ni a los festivales de verano. No sé si es soberbia, desidia, una mezcla de ambas o simple desprecio sistemático por toda manifestación cultural debido a una ignorancia enquistada que se sustenta en tópicos y prejuicios.

¿Empezamos a tomarnos en serio a nosotros mismos de una vez? ¿O van a tener que venir otros a decirnos lo buenos que son nuestros artistas para que nos lo creamos igual que vienen a explicarnos nuestra Historia y nuestra Literatura?

Ahora que parece que la Cultura vuelve a merecer un ministerio que se encargue de cuidarla, sin que nadie espere gran cosa de su ministro, vamos a ver si nos sorprende y hace algo el mucho o poco tiempo que dure en el cargo.








domingo, 27 de mayo de 2018

Provocado por la rueda de prensa de esa persona a la que alguna gente votó

"¿Tú qué esperas de la vida?" era la pregunta que siempre nos hacía mi madre a mi hermana y a mí cuando éramos pequeños cada vez que rompíamos o perdíamos algo, suspendíamos (bueno, lo de suspender lo capitalizaba yo) o como reacción a cualquier otra idea peregrina con predecibles consecuencias que tuviéramos entre manos y que no respondiera a los parámetros lógicos y cartesianos del mundo adulto en general. Ahora ya no nos la hace, a lo mejor lo sigue pensando pero ya no nos hace la pregunta, ha desistido. Que es más o menos lo que ha hecho el país entero. La diferencia entre lo que hacen los trabajadores de RTVE cada día (exteriorizándolo cada viernes en forma de luto) y lo que hace el resto de España es de una letra únicamente: ellos lo que hacen es resistir y el resto estamos más en lo de desistir desde hace algún tiempo.


Esa persona que solía huir despavorida cuando se le acercaba un periodista o, haciendo un exceso, aparecer en forma de simulación a través de una pantalla de plasma situada en una sala próxima (realidad virtual de mercadillo), de repente tiene una pataleta porque aquellos que ayer aprobaron sus presupuestos le piden hoy que se vaya, que convoque elecciones o le presentan una moción de censura a raíz de esa sentencia que todos tenemos en mente, le piden que haga algo para variar, cualquier cosa. Y sale todo ofendido, con una expresión de contrariedad mal ensayada a quejarse porque le han quitado el paraguas cuando estaba lloviendo, él lo había dejado tirado en una plaza justo al empezar a llover y resulta que vuelve a por él media hora después y el paraguas ya no está. Si mi madre hubiera estado en esa rueda de prensa (y tuviera un atisbo de esperanza depositada en la clase política actual) seguro que se le habría escapado un "¿tú qué esperas de la vida?".


Esa persona a la que me refiero no parece tener la más mínima intención de irse nunca, ni por la sentencia ni por nada. El "melasudismo" que acuñó Jabois alcanzó la semana pasada su máxima expresión y yo iba a decir que no salgo de mi asombro pero lo peor es que ya he perdido la capacidad de sorpresa, yo también he desistido y no espero nada de esa persona a la que alguna gente votó supongo que creyendo en su ingenuidad que haría algo, desconociendo que el hecho de no hacer nada para él ya es algo.

martes, 12 de diciembre de 2017

Provocado por Diálogos 3 (otra vez)

El otro día estaba en un concierto de Cristina Branco. Recordé antes de que empezara que la descubrí escuchando Diálogos 3. No cantó ninguna de las canciones que a mí me empezaron a gustar de ella, de ninguno de sus primeros discos y llegué a la conclusión de que es normal porque hace veinte años de aquello y lógicamente ha ido variando el repertorio. Y entonces me pregunté cuántos artistas había descubierto gracias a Diálogos 3, a cuántos conciertos había ido asistiendo a lo largo de los últimos veinte años porque un día Ramón Trecet pinchó una canción suya y la grabé (o mi madre me grabó el programa entero porque yo no podía escucharlo y no había podcasts ni nada parecido todavía). 

Kroke, Sharon Shannon, Dorantes, Lidia Pujol, Phil Cunningham y Aly Bain, Luar Na Lubre, Carlos Núñez, Uxía, Mercedes Peón, Goran Bregovic, Yann Tiersen, Javier Krahe, Kepa Junkera, Jorge Pardo, Carles Benavent, Perico Sambeat, Brad Mehldau, Carmen París, Ara Malikian, Chano Domínguez, Katie Melua y la propia Cristina Branco. De todos ellos he disfrutado en directo gracias a que un día Ramón Trecet decidió que había que apoyarlos y radiarlos a diario en Radio 3 a la hora de la siesta. 

Fui a ver Amélie un par de veces al cine porque ya me gustaba antes de verla, ya escuchaba la banda sonora a diario y la película sin esa banda sonora no sería gran cosa. Recuerdo lo mucho que me gustó Dorantes desde el primer tema que escuché. El "Resignation" de Brad Mehldau, la grata sorpresa que supuso "Savia Nueva". Cómo narraba la primera vez que vio a Jeff Buckley. Los festivales de Jazz de San Sebastián y San Javier, La Mar de Músicas, Pirineos Sur. La entrevista a Enya, el especial de Eva Cassidy, John Muir y los parques nacionales. Las griegas, Giogos Dalaras, Arto Tunçboyaciyan, Jan Garbarek, Capercaillie, Nightnoise, Connie Dover, Mary Black, Dolores y Sean Keane. Caledonia.




lunes, 9 de octubre de 2017

Provocado por “Deleted Files” de Neuman

A Paco Román a veces se le va la pinza y cuanto más se le va, más me gustan sus canciones. Con “Deleted Files” se le ha ido clarísimamente para nuestra fortuna.

Si cree que una canción necesita un coro de niños y que tiene que durar ocho minutos pues los dura y no hay más que hablar, esos son los músicos que me gustan. Si una canción te pide durar un minuto para qué alargarla y si otra, como es el caso de “Deleted Files”, tiene que durar un poco más de doce minutos, pues no se puede cortar, tiene que ser así, lo importante es la canción siempre y todo lo demás está a su servicio.

A la voz de Paco Román se le intuyen las lágrimas que hay detrás, tiene una melancolía contagiosa que te descoloca un poco, que te deja sin argumentos, lo único que puedes hacer es dejarte contagiar y disfrutarlo.

Su voz combinada con una melodía obsesiva y pegadiza consigue que a lo largo de la canción cambie tu estado de ánimo y circule por varias etapas: te serena, te invita a bailar, a tararear; realmente no es una canción, es una película sonora cuya eterna parte instrumental te sugiere imágenes, objetos, escenas, te lleva de la mano viajando por una sucesión de estados de ánimo que acaba casi obligándote a gritar con los punteos finales.

Además su escucha en bucle lleva un par de días librándome de la política y eso no tiene precio. Me imagino a Thom Yorke bailándola, solamente ese baile daría para videoclip.

viernes, 1 de septiembre de 2017

Provocado por la última mudanza

Tuve al caminar por la Puerta del Sol el otro día una especie de melancolía prematura, esa extraña sensación de que era una de las últimas veces que la pisaba con regularidad y recordé la primera vez que aterricé en ella, el primer bar al que entré y el trozo de pizza que compré a las tantas de la madrugada en aquella esquina en ese primer viaje, cuando quedamos y aparecí como un pincel, cuando quedé con ella para donar sangre y al final doné yo solamente y nos tomaron por novios aunque no lo éramos, la ballena como punto de partida, los mariachis, la inauguración de la tienda oficial de Apple, las veces que la crucé para ir a Lavapiés, las veces que la vi abarrotada durante el 15M, la emoción del primer grito mudo.

Empecé a pensar en los dos o tres museos que al final no he visitado todavía por pereza, hice acopio de películas y música en la Fnac de Callao porque ahora no tendré una a menos de 130 kilómetros de casa y el invierno es muy largo. Y tenía la sensación de que tenía que aprovechar los últimos días, compaginar las cajas de la mudanza con las últimas obras de teatro, con los últimos conciertos, con los últimos helados de Sani Sapori.

Y se me ha pasado el verano entre idas y venidas y ahora que ya no estoy en Madrid no tengo la sensación de haberme ido todavía. No me sentí como un extraño cuando llegué y ahora no me acabo de creer que la haya dejado.

domingo, 19 de marzo de 2017

Discos del 2017

Este año tengo cinco discos entre ceja y ceja: los de Rayden (“Pólvora Mojada” me parece una de las canciones del año), Jorge Drexler, Los Planetas, Mayte Martín (Tempo Rubato, con campaña de crowdfunding a punto de ponerse en marcha) y Silvia Pérez Cruz (entre sus cuatro o cinco cuerdas, plasmando en disco lo que empezó como cita anual en la Sala de Cámara del Auditorio Nacional). 

Y hay otro que espero con especial ilusión: el de Rocío Márquez. Desde hace muchos meses tengo que escuchar su voz todos los días; no es una obligación, es una necesidad casi fisiológica, aunque sólo sea una canción, un estribillo, un algo. Sé por la web del Teatro Victoria Eugenia que el título del disco será Este Firmamento* (o por lo menos su concierto allí se anuncia así por lo que dos y dos suelen ser cuatro...), sé que va a ser tirando a experimental: con saxofón, piano, percusión y la voz de Rocío. Y sé que me va a gustar porque me gusta todo lo que hace, porque todo lo hace con exquisito gusto, con respeto y riesgo, por su capacidad de transmitir y emocionarme cante lo que cante. El viernes pasado en el Auditorio Nacional le pegó tal repaso a todos los palos que parecía estar abriendo cada uno de los tomos de una enciclopedia flamenca y tuve la sensación al terminar de que había dado un puñetazo encima de la mesa, como queriendo advertir, levantando el dedo índice de su mano izquierda -como lo hace al cantar- que a nadie se le ocurriera poner en duda su flamencura, que ese es el punto de partida de su arte y la base para todo lo que hace y va a hacer en el futuro que seguro será mucho y muy variado (probablemente no fue esa su intención al elegir el repertorio del recital pero a mí me lo pareció). Pues falta mes y medio todavía para su lanzamiento pero lo bueno se hace esperar...

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*Finalmente el disco se llama Firmamento y el concierto de San Sebastián se aplazó a última hora sin que de momento (a 21 de agosto) se haya anunciado nueva fecha.

Firmamento sigue aumentando su leyenda y llenando páginas de artículos al respecto, al escucharlo pensé que a lo mejor sería difícil reproducirlo en directo. Me equivoqué, en directo es igual de emocionante o más incluso que en disco. He asistido dos veces al concierto de la gira de presentación y tengo previsto verlo otras dos por lo menos. La fuerza, la sensibilidad, la voz cristalina y el buen gusto de Rocío encandila y emociona a quien la escucha, no hay más que oír los comentarios del público asistente al terminar los conciertos, "valiente" es el piropo más repetido.

Jorge Drexler a estas alturas ha mostrado un par de canciones del disco nuevo y "Telefonía" ya huele a clásico marca de la casa.

A los seis discos comentados se han unido tres que me han sorprendido (a mí y a todo el mundo) muy gratamente:

- "Los Ángeles" de Rosalía y Refree. La intimidad que consigue crear esta pareja en directo es impresionante. El silencio que se genera cada vez que Rosalía canta mirando a los ojos al público hay que sentirlo.

- "45 cerebros y un corazón" de María Arnal y Marcel Bagés. El concepto del disco me recordó al "granada" de Silvia Pérez Cruz y Refree (pero también me lo recordó "Los Ángeles"). Tiene tres canciones que escucho casi a diario y que me siguen maravillando cada vez.

- "Conexión" de Marco Mezquida y Chicuelo. Carlos Pérez Cruz (@clubdejazzradio) lleva años hablando de Marco Mezquida y no sé si le hace caso mucha gente pero tendrían que hacérselo.

martes, 24 de enero de 2017

Provocado por "Malviviendo"


Uno presume de enterarse de las cosas tecnológicas pero la verdad es que cada vez me entero de menos. Del fenómeno que se produjo con la webserie “Malviviendo” en su día no me enteré. La serie es gamberra, con un vocabulario soez, zafio, a veces desagradable incluso, sueltan esos exabruptos que sienta tan bien soltar de vez en cuando provocando carcajadas casi en cada capítulo y a mí me enganchó desde el primero. La primera vez que escuché a alguien hablar de ella creo que fue en el EBE (Evento Blog España) del 2013, en una charla sobre el fenómeno Youtuber si no recuerdo mal. Una chica en el turno de preguntas le recomendó a los ponentes que vieran la serie, dijo que estaba muy bien y que de Despeñaperros para abajo también se hacían cosas interesantes (comentario que provocó los aplausos de gran parte del público asistente). Hace muchos meses, en una de esas tardes en las que entras en la FNAC para pasar el rato y sales con una bolsa llena de CDs y DVDs, compré la “Edición Especial Coleccionista” de “Malviviendo" y ahora he devorado las tres temporadas en un par de semanas. 

Y viendo el documental con el que acaba el último DVD me he dado cuenta de los medios ridículos con los que empezaron a hacerla y del trabajo que hay detrás. Ocurre con "Malviviendo" como cuando escuchas por primera vez un cante interpretado por Rocío Márquez: parece que no hace esfuerzo ninguno al cantar, da esa sensación pero descubres el equívoco cuando ves que en sus actuaciones en directo todos los músculos de su cara, su postura, el movimiento de sus brazos, todo está al servicio de que su voz suene perfecta en cada nota emitida. Lo mismo sucede cuando escuchas a Mayte Martín, a Marisa Monte o a Ellis Regina: parece que la voz fluye como un manantial. Algunas escenas de "Malviviendo" te resultan tan cotidianas si has crecido en un barrio más o menos marginal que no dudas de su credibilidad. Viendo el documental sobre la serie te das cuenta de las dificultades por las que han pasado para sacarla adelante y de que se han currado cada capítulo como si fuera el último (porque a lo mejor lo era realmente).

Después de "Malviviendo" he seguido con “Entertainment" y me sigue gustando su rollo por lo que seguramente vea también el resto de cosas que han hecho y que hagan en el futuro.  

lunes, 12 de diciembre de 2016

Provocado por Rocío Márquez


No había oído hablar de Rocío Márquez y la conocí gracias al disco "Una Luz Flamenca" que montó hace pocos meses Javier Limón con varias intérpretes aportando su toque flamenco a algunas canciones de Luz Casal (a mí las versiones que más me gustaron fueron la de La Shica y la de Rocío Márquez cuya voz te atrapa, te corta la respiración, te emociona y te provoca una admiración sin remedio incluso aunque no tengas ni idea de flamenco). Busqué sus discos en iTunes (compré los dos que hay disponibles) y cuando en agosto fui a La Unión a ver a El Cabrero, al salir había un puestecito de deflamenco.com y pregunté si por casualidad tenían los de Rocío Márquez (me llevé los mismos que había comprado en iTunes). Le dije con cierta nostalgia al señor deflamenco.com que había comprado algún CD en la tienda que tenían en Madrid, en la calle Moratín, antes de que únicamente vendieran los discos por internet. Él me dijo que efectivamente Rocío Márquez es una maravilla, que tiene una voz preciosa y que con "El Niño" me estaba llevando una joya y yo, que coincidía en todas sus apreciaciones, me fui tan contento a casa.

La única explicación que se me ocurre para tratar de entender el motivo por el que no es más conocida es que la gente no la ha escuchado, porque en cuanto escuchas su voz perfecta y el buen gusto con el que canta te quedas enganchado a su voz para siempre. El escuchar cómo canta tiene que ser bueno hasta para el riego sanguíneo y cualquier día lo recomiendan por prescripción facultativa.

El sábado pasado éramos pocos en Nerja, hace ocho años fui a ver a Silvia Pérez Cruz a Sant Cugat del Vallés (cantaba temas de Bill Evans con Joan Díaz al piano), la actuación era en el Casal de Joves de Torreblanca y gratuita, a pesar de todo el público era más escaso incluso que el del sábado. Yo no lo entendía pero creo que la causa era la misma: la gente no la conocía, no la había escuchado todavía, no existe otra explicación para ambos casos. Concurren en Rocío Márquez las mismas virtudes que en Silvia: una voz preciosa, un estilo personal en constante perfeccionamiento y evolución, exquisito gusto, versatilidad, valentía, humildad, generosidad, fuerza, dulzura y una simpatía extrema; también a Rocío le darán un Goya, un Oscar o lo que sea, es cuestión de tiempo.

Conciertos como los de Silvia y Rocío son de los que te reconcilian con el ser humano y con la vida en general, sales de ellos con la sensación de que hasta eres mejor persona de lo que eras antes de haber entrado.

viernes, 7 de octubre de 2016

Provocado por "tenemos lo que nos merecemos"

Ya no me enfado cada vez que escucho esa expresión cuando alguien se refiere a políticos o empresarios o a lo que sea en general porque cada vez estoy más convencido de que muy a mi pesar es cierto: tenemos lo que nos merecemos. Somos un país de miserables y envidiosos, de rastreros y traidores, de trepas y cobardes. Y sufrimos las consecuencias de todas esas actitudes tan nuestras.

Un país sin iniciativa, sin capacidad de comprometerse con causa alguna ni de arriesgarse. Un país en el que no vale la pena invertir, en el que nadie se atreve a confiar. Un país idiotizado por Telecinco y paralizado por el miedo. En líneas generales la cosa es así. Hay excepciones, claro, y por esas excepciones seguimos existiendo. Gracias a ellas no lo manda uno todo al carajo, aunque se tiende a arrinconarlas, a relegarlas a altas horas de la madrugada, a acorralarlas, a ignorarlas para que no brillen demasiado, para que no suban el nivel de la mediocridad predominante.


domingo, 6 de marzo de 2016

Provocado por "Orquídeas"

Me habló de ella César Pop el 18 de febrero antes de un concierto suyo en Cartagena. Le pregunté con la impaciencia del fan cómo era el último disco de Quique y me dijo (entre otros detalles) que había un temazo, que para él era una de las cinco mejores canciones que había compuesto Quique, se titulaba "Orquídeas".

El contraste que sugiere la imagen de unas "orquídeas en el tráfico", "la piel de tu maleta herida", todo lo que encierra la expresión "tardas tiempo en contestar", esa nota que baja en "pero tú" como bajaba el "pero quién" de "Lo Voy a Derribar" y cómo lo canta; se podría hacer una tesis sobre sus tres últimos discos.

Creo que Quique González cambió su forma de escribir a partir de "Avería y Redención #7" y ese cambio está mucho más marcado en los últimos tres discos: pasó de narrar historias de un modo más descriptivo a otro más críptico, como si dibujase fotogramas en un storyboard; lo que describe ahora son escenas, estados de ánimo, secuencias, fotografías, metáforas que parecen inconexas pero que son piezas de un puzzle que uno tiene que recomponer al escuchar la canción. Lo que no ha cambiado es que siempre habla de mí, tiene la habilidad de conocerme, de hablar a los que escuchan sus canciones como si supiera exactamente lo que pasa por sus cabezas.

Y "Charo" y "Sangre en el Marcador" y "Relámpago" y "Detectives". Quique nos ha regalado con este disco otro truco fácil, otro agujero en la chistera para los días duros y muy agradecidos estamos por ello.